Taller

Van algunos cuentos de integrantes del Taller de Narrativao del Banfield Teatro Ensamble

domingo, 19 de diciembre de 2010

Lucía Di Giorgio


MEDITACIÓN

Ingresó a la catedral en busca del único lugar donde podía respirar
paz, donde se detenía a escuchar el silencio oliendo el incienso sagrado
que lo remontaba a antiguos sacrificios.
Se había asegurado de llegar antes de la liturgia y las confesiones,
para sentirse dueño único del espacio en el que simplemente quería
encontrarse con sí mismo y hallar las respuestas al porqué de tantos
renunciamientos.
El miedo le había anulado la voluntad de lucha, siendo tan puntual y
concreto como el paralelismo entre el instinto de preservación y la
cobardía. Tomar conciencia de esto no lo avergonzaba tanto como
reconocer que, con el andar de su tiempo, se había desvanecido el
interés por el arte y el compromiso con el amor. La defensa de la
estética y el sentimiento por sobre otros intereses mezquinos fue la
expresión más pura que sostuvo en su adolescencia.
Tal vez, las vivencias de la infancia quedaron arraigadas y afloraban
en momentos como este, por eso buscó refugio en el templo. Por
eso, buscó respuestas allí donde todo lo que se afirmaba entraba, según
sus últimas convicciones, en la categoría de mitos. Era inútil continuar
en ese recinto. Entre otras tantas cosas también había perdido
la fe. Tampoco era inquietante, se diría que le resultaba indiferente.
Como cuando era niño, contempló con admiración las pinturas bellas
e inalcanzables de la cúpula. Llegó a la conclusión de que la justificación
de las religiones fue haber hecho que los hombres se sintieran
menos desprotegidos y los artistas más incentivados.
La lluvia había disminuido. Pensó que sería mejor volver a caminar;
que el viento golpeara los músculos endurecidos de su cara para
provocar una reacción.
Tal vez todavía pudiese reescribir la última parte de su historia.

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